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Evaluación del impacto desde la perspectiva ética

Las organizaciones cada vez más buscan fórmulas para rendir cuentas de su contribución a la sociedad. Especialmente aquellas comprometidas con objetivos como la lucha contra el cambio climático o la Agenda 2030.

La evaluación del impacto social de una empresa permite, precisamente, establecer relaciones de causa-efecto entre su actividad y los cambios que se producen en su entorno.

Existen diferentes tipos de evaluaciones del impacto. El Centro de Ética Aplicada ha desarrollado una metodología que incluye la perspectiva ética como un eje transversal de la evaluación.

Es una metodología que permite a las organizaciones medir o valorar su impacto en la sociedad y, además, encontrar referencias clave sobre cómo orientarlo al propósito ético que se han marcado. Por ello, es una herramienta utilizada en los procesos de adecuación ética.

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Incluye

la perspectiva ética contribuye a superar la hegemonía y limitaciones de las evaluaciones de corte econométrico. 

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Favorece

La implicación de los grupos de interés y al resto de afectados por el impacto de la actividad de las organizaciones. 

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Permite

Examinar y validar los diferentes procesos de evaluación de impacto existentes hasta el momento. 

Conceptos clave

La ética es una parte de la filosofía que elabora una reflexión crítica sobre el comportamiento de las personas y sociedades.

¿De dónde procede el términio ética? Fue Aristóteles quién inventó el término ética. Recurrió a una palabra que en griego tenía un doble significado, ethos, que hace referencia tanto al carácter de una persona, el modo en que una persona se relaciona con otras, como a la sociedad en la que la persona vive.

La ética no sólo trata de analizar esa relación críticamente, sino que también trata de ser propositiva. Elabora, por lo tanto, ideales de vida buena o, en términos de Aristóteles, de una vida feliz.

Un dilema ético es una situación en la que debemos tomar una decisión difícil y en la que sólo existen dos opciones. Ambas causan un daño irreparable.

Un dilema ético es una situación en la que debemos tomar una decisión difícil y en la que sólo existen dos opciones. Ambas alternativas causan un daño irreparable y son excluyentes entre sí e igualmente defendibles y reprochables.

Si nos encontramos ante un dilema de tipo ético, cualquier solución tiene alguna dosis de injusticia. La ética nos puede ayudar a ejercitar nuestra libertad de elección de una forma más racional y certera. 
 

Hablamos de un problema cuando las opciones que tenemos no son excluyentes entre sí, cuando una de las opciones protege un derecho o una expectativa legítima y otro una no legítima.

Por ejemplo, un problema es cuando una empresa automovilística, buscando incrementar sus beneficios, abarata los costes de producción, hasta el punto de disminuir la seguridad, incrementando el riesgo de sus consumidores. Aunque la búsqueda del incremento de los beneficios puede ser un interés legítimo, este no puede ser perseguido en detrimento de la seguridad de los consumidores.

En este caso, la respuesta es, por lo tanto, clara y no es necesario recurrir a las herramientas que nos proporciona la ética para determinar qué decisión es correcta o incorrecta. Sólo hay una opción éticamente argumentable.
 

La ética de mínimos nos permite construir sociedades plurales sanas. Tiene una función crucial. En primer lugar, es la base sobre la que podemos convivir con personas que tienen valores diferentes.

En segundo lugar, es un mínimo que todos tenemos que cumplir. No se puede aceptar la discriminación o el maltrato. Y, en tercer lugar, nos sirve de criterio para juzgar las instituciones comunes. Cuando decimos que una ley es injusta, es necesario que todos estemos de acuerdo sobre a qué nos estamos refiriendo. 

Hay una serie de instrumentos y enfoques teóricos que nos permiten desarrollar una reflexión ética. Los instrumentos son conocidos: valores, normas, principios y virtudes.

En cuanto a los enfoques teóricos, podemos fijarnos en la intención de una persona que está haciendo algo. Podemos fijarnos en la acción misma o en las consecuencias que esa acción tiene. 

El cuidado de nosotros mismos y de lo común, es la tarea fundamental que se plantea la ética y a lo que nos quiere ayudar.Porque nuestros comportamientos no son automáticos, los decidimos. Y tenemos que aprender cómo tomamos esas decisiones, para construir buenos individuos y buenas sociedades. 

La ética ayuda a la reflexión y nos indica por qué tenemos que hacer lo que la moral dice que es bueno hacer o es nuestro deber. 

1.- Conocer la situación de partida, las personas a las que se va a implicar y ver qué efectos, justos e injustos, va a generarles.
2.- Identificar los principios éticos fundamentales, establecer un orden de prioridades y argumentar la elección que tomemos.

Para identificar la opción éticamente más sólida, nos podemos atender a los criterios que plantean las distintas escuelas éticas: la deontológica, la utilitarista, la ética de las virtudes, la discursiva y también la profesional.
 

La ética de máximos es la porción de la ética que corresponde a cada cual elegir. Hay personas que consideran que una vida óptima es una vida de búsqueda de placer y satisfacción ya sea para sí o para la mayoría.

Otras en cambio, consideran que el compromiso con el progreso justifica una vida de abnegación y de sacrificio. Hay vegetarianos por motivos éticos y personas que consideran que han de donar parte de su renta a causas sociales.

Ninguna de esas propuestas de vida puede considerarse una condición para la convivencia. De hecho, el consenso sobre ellas ni siquiera es deseable y mucho menos posible.

No obstante, la ética de máximos es importante porque da coherencia a nuestras opciones de vida y comportamientos. Porque las éticas de mínimos no nos configuran como personas, lo hacen las éticas de máximos. 

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Empresa Ciudadana

¿Cómo es una empresa ciudadana?

El modelo de empresa ciudadana buscar responder al momento actual, en el que se existe una creciente exigencia ética hacia las empresas. Surge de investigaciones desarrolladas en el Centro de Ética Aplicada (CEA). Se basa en la noción académica de empresa ciudadana.

¿Qué aporta de novedoso esta propuesta?

El modelo de empresa ciudadana plantea integrar principios cívicos en su cultura y en la práctica de las organizaciones, que no sea algo ajeno a su actividad. 

Propone que la organización asuma la participación en el debate público con la sociedad en la que su actividad impacta, que colabore con ella para superar los retos sociales, ambientales y económicos que afronta.

Una empresa ciudadana es aquella que entiende que es miembro de la comunidad, es consciente de que está interconectada y es interdependiente.

Este sentido comprende que su aportación a la sociedad no se limita a prestar bienes o servicios ni a cumplir la legalidad. Además de sus propios intereses, responde a los intereses de la sociedad en su conjunto.

Los y las investigadoras han identificado un total 12 rasgos que definen una empresa ciudadana . Y han desarrollado un método para ayudar a las organizaciones a realizar ese cambio y reflexionar y analizar:

  • Cómo creen que deberían ser
  • Cómo se muestran ante la sociedad
  • Cómo se concretaría ese ideal en la práctica.

En este pdf encontrarás más información sobre el triángulo ético. 

El área de ética organizacional del Centro de Ética de Aplicada toma como base este modelo en las actividades de transferencia que realiza con empresas.

Más informacion

¿EN QUÉ CONSISTE?

PROCESO DE ADECUACIÓN ÉTICA

1.

EN PRIMER LUGAR

En un proceso de adecuación ética, las organizaciones realizan en primer lugar un ejercicio de autocomprensión. Identifican qué comportamientos afectan a los derechos legítimos de sus grupos de interés, teniendo en cuenta, pero yendo más allá de la legalidad.

2.

EN SEGUNDO LUGAR

Las organizaciones detectan los retos específicos de su sector pero también los que, con carácter general, se plantean en nuestro entorno, como el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

3.

EN TERCER LUGAR

Las organizaciones detectan una serie de mejoras a realizar. Estas mejoras se institucionalizan en resultados como los códigos de ética, nuevas estructuras, como un comité de ética, o procesos que persigan un cambio cultural. El objetivo es que los compromisos asumidos en este proceso sean revisables y sostenidos en el tiempo.

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